arquitectura corporativa arquitectos buenos aires argentina

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En el contexto del ciclo “Jornadas para la prevención del daño y la mala práctica en diferentes profesiones y tareas” que organizó en septiembre del 2003 la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), el Arq. Emilio Gómez Luengo se refirió a las responsabilidades inherentes a los arquitectos... Transcribimos aquí su ponencia.


Introducción

Este ciclo de charlas tuvo como objetivo central poner en el banquillo la mala práctica en las diferentes profesiones. La arquitectura, si bien se origina en temas y requerimientos puntuales, incide y actúa sobre el conjunto de la sociedad al adquirir, por presencia al ser construida, estado público.
Por esto que el título de esta charla alude a la responsabilidad social y no a la mala praxis, ya que no asumir esas responsabilidades constituye para los arquitectos incurrir en esa mala praxis. Pasemos revista a las responsabilidades de nuestra profesión.

En forma primaria podemos decir que el arquitecto debe construir obras que resuelvan el problema concreto que se origina en las necesidades del comitente, que no se caigan, y que tengan una buena sobrevida.
Sin embargo el arquitecto tiene la responsabilidad de aportar conocimientos específicos que superen estas demandas básicas.
Por su índole y especificidad, el trabajo y el accionar del arquitecto, implica asumir una gama más amplia de responsabilidades frente a diferentes actores:

1. con el comitente quien realiza el encargo del proyecto y de la obra.

2. con el usuario de las obras construidas, que no necesariamente coinciden con el anterior.

3. con la sociedad, como “usuaria” pasiva de esa arquitectura, que se incorpora a la ciudad o al paisaje, alterándolo. Esta triple responsabilidad debe ser asumida por el profesional arquitecto como un todo indivisible y reconocida como de igual magnitud e importancia, en cuanto al compromiso ético-profesional.

Responsabilidades primarias

l. Con el comitente: resolver el mejor proyecto, desde el punto de vista funcional, espacial, estético y económico, aportando y aplicando en ello sus mejores recursos, conocimientos e inteligencia.
2. Con el usuario: garantizar con la arquitectura las mejores condiciones de vida y el usufructo en óptimas condiciones de ese buen tiempo, con los menores costos de mantenimiento.
3. Con la sociedad: salvaguardar y/ o mejorar con la arquitectura el medio de inserción de su obra, ya sea urbana o rural, desde el punto de vista ecológico, ambiental y estético, y respetar las normativas que la sociedad se ha dado para regular la construcción.

Qué condiciones deben cumplirse para dar satisfacción a estas responsabilidades

1. Dar a cada encargo la dedicación que por su índole exige, aplicando a la resolución del mismo toda su ciencia y conocimiento específicos.

2. Cumplir como mínimo, con las pautas fijadas por el CPAU para su correcto y responsable desempeño de la profesión. El CPAU fija y difunde entre profesionales y comitentes las tareas y contenidos indispensables con que los arquitectos tienen la obligación de dar respuesta a las encomiendas de trabajo.

3. Manejar con absoluta transparencia la relación con el comitente, representándolo y defendiendo sus intereses.

4. Recibir como contrapartida por su trabajo, una retribución económica acorde a su dedicación y esfuerzo.

Las “patologías” que afectan hoy a la profesión

1. Patologías generadas por el deterioro de las condiciones económicas
: al menos en el caso de nuestra profesión, la derogación de los aranceles obligatorios, no hizo más que poner en blanco y negro la realidad del mercado. El achicamiento del mercado profesional, por la fuerte retracción de la construcción, ha generado una competencia por obtener los encargos, que no solo tiene efectos devastadores sobre el nivel de honorarios, sino que como secuela, amenaza deteriorar fuertemente la calidad de los servicios profesionales.

Así se corre el riesgo de conformar un círculo perverso que podemos resumir en:
- Baja los índices de demanda de servicios profesionales
- Deslealtad de la competencia entre profesionales (sálvese quien pueda)
- Caída del nivel de honorarios
- Deterioro de la calidad del servicio profesional. Hay que recordar en este punto que aceptar honorarios bajos no disminuye, bajo ningún concepto, la responsabilidad profesional ni implica dejar de lado códigos éticos.

¿Cuáles son las consecuencias de esta situación?

- Reducción del servicio profesional: no ofrecer al competir con otros profesionales iguales servicios, sin hacerlo explícito al comitente.
- Acomodar el nivel de respuesta profesional, a la retribución convenida, y no a los requerimientos y complejidad propias de los encargos.
- Tergiversar o “dibujar” los costos estimados de obra para seducir al cliente.
- Ofrecer al comitente ventajas a costa del interés público, violando normas para obtener más m2, avanzando sobre el espacio público o abaratando el producto final y atentando así contra la imagen urbana y la calidad de vida.

2. “Patologías” generadas por nuevas modalidades de trabajo profesional: En medio de la crisis de la construcción, y en un proceso de concentración de la actividad en manos de grandes empresas, corporaciones o desarrolladores, han ganado terreno nuevas modalidades de contratación de servicios profesionales, modalidades muchas veces “importadas” por las empresas de sus países de origen. Si bien debemos reconocer que estas modalidades, ya sea como obras “llave en mano”, encargos de paquetes completos de obras, incluyendo desde la búsquedas de oportunidades, evaluaciones económicas, desarrollo de proyectos, presupuestos y planificación total de los emprendimientos, resultan hoy más funcionales a las empresas que los métodos tradicionales para encarar las obras, han desencadenado en nuestra profesión un nuevo tipo de problemática, que urge resolver por sus repercusiones negativas en cuanto a las responsabilidades que el profesional debe asumir.

Sus consecuencias visibles: dilución de responsabilidades, al aparecer nuevos roles cuyos límites no siempre están claros o correctamente definidos, reducción consecuente del campo de acción tradicional de los arquitectos, nueva devaluación de los honorarios, por, en este caso, reducción en la demanda de sus servicios.

3. Nuevos roles que desdibujan la función del profesional

- Brockers inmobiliarios que ofrecen resolver los anteproyectos (sin costo).
- Empresas constructoras y desarrolladoras que contratan solo anteproyectos, para desarrollar luego los proyectos con sus profesionales internos.
- Nuevos roles: construction manager/ project manager
- Arquitectos que superponen roles de proyectistas/ directores de obra y constructores, desnaturalizando la relación profesional-comitente

Consecuencias:
El arquitecto pierde el control del total de la obra y en paralelo, se desentiende de las responsabilidades específicas, sin que quede claro quien las asumirá en su lugar.
En todos los casos, cualquiera sea la forma de contratación de obra y de su lugar en la cadena de producción de la misma, el arquitecto mantiene su indelegable responsabilidad ética, y en todos los casos debe haber un profesional, él u otro designado por el comitente, que asuma las responsabilidades técnicas y legales, irrenunciables, ya que son intrínsecas de nuestra profesión de arquitectos.

4. Consultas mas habituales que llegan al CPAU. Informes de casos conflictivos y denuncias de ética que llegan en consulta:

A. Mentiras y verdades; desconfianzas mutuas; falta de claridad y formalidad en las relaciones. Para ello se requiere: primero, la necesidad de una claridad y formalidad absoluta en la relación arquitecto-cliente. El arquitecto debe ofrecerlas y el cliente exigirlas. Segundo, un fair-play por parte del cliente: el cliente debe ser sincero al plantear los objetivos y recursos para concretarlos y el arquitecto sincero sobre la posibilidad de que se concreten con ese presupuesto.
Casos típicos de esta patología:
- obras que no se terminan por problemas presupuestarios
- el cliente tiene mayor presupuesto que el que manifiesta, “esconde” por desconfianza a que el arquitecto se aproveche de la situación y que le haga gastar de más. Luego le va agregando trabajos extra que satisfagan sus aspiraciones y no reconoce honorarios sobre ellos.

B. Minimizar el encargo y no hacerse cargo de las consecuencias. Tendencia entre comitentes, aceptada por los arquitectos, a minimizar la responsabilidad de las obras chicas y considerar que no es necesaria la documentación de obra básica. “Con dos o tres dibujitos nos arreglamos para empezar la obra”. La mayoría de las causas de ética, por disconformidad de los resultados, corresponde a obras chicas.

C. Bajar los costos: la situación económica hace que los cliente recurran a mano de obra no calificada, con la consecuencia de los malos resultados en la construcción y una dirección de obra compleja y tormentosa. El arquitecto por no perder el encargo, no cuestionó la decisión ni aclaró las previsibles consecuencias.

D. Reclamo de resarcimiento: los clientes lo ejercen si la obra no responde a sus expectativas. Tanto resarcimientos monetarios en la justicia ordinaria, como moral con las denuncias de ética.

E. Confusión de roles.

Es usual que en estas denuncias, el cliente confunda los roles y responsabilidades de las distintas figuras que intervienen en la construcción de una obra. Al arquitecto se le reclama todo, confundiéndolo con el constructor responsable. Los arquitectos deben ser claros al exponer esta distinción a los clientes e incluirla en la relación contractual, delimitando esos roles claramente. Hay casos en donde si, estas figuras y roles se superponen por decisión de ambas partes, y también en estos casos, debe ser expresado en los convenios.

Autor: Arq. Emilio Gómez Luengo.
Fuente: Diario CPAU Nº 4 de 2003

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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