arquitectura corporativa arquitectos buenos aires argentina

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Nuevas tareas profesionales relacionadas con la gestión.

(Congreso internacional sobre la Construcción de la Arquitectura. Barcelona 2002).

Por el Arq. Jos Galán.

Cuando yo estudiaba la carrera de arquitectura, a fines de los sesenta, la principal salida profesional de los nuevos arquitectos era, sin duda, colegiarse y empezar a trabajar como arquitecto liberal, en proyectos y obras convencionales, en un incipiente despacho profesional individual y en contadas ocasiones colectivo. La segunda salida era trabajar como arquitecto funcionario de la administración pública.

Pocos años después, recuerdo que en el Colegio se empezaba a hablar de “otras salidas profesionales” y se comentaba de forma jocosa, que ante la falta de trabajo liberal para las nuevas generaciones, la segunda opción más frecuente de salida profesional parecía ser, ante el gran número de arquitectos dedicados a ello, montar un bar de diseño o champañería.

Hoy, dudo que los bares de diseño sen una salida profesional frecuente, pero estoy casi seguro de que el ejercicio liberal de la profesión convencional del arquitecto, ya no es la primera y principal salida profesional de los recién titulados, aunque sigue siendo el estereotipo de nuestra profesión y la meta y el objetivo de una gran mayoría de los estudiantes, que en muchos casos verán frustradas sus ilusiones.

El tema del Congreso son las nuevas tareas profesionales relacionadas con la gestión. Yo no estoy tan seguro que las nuevas tareas profesionales de las que vamos a hablar sean “nuevas”, ni siquiera para la práctica habitual de los arquitectos, lo que sin duda si es nuevo, es que se puedan plantear como salidas profesionales específicas.

A lo largo de toda la historia de la profesión, los arquitectos no han sido los diseñadores de los edificios, sino también sus gestores en el más amplio sentido de la palabra. Los maestros de obras predecesoras de nuestra actual profesión, eran proyectistas y constructores y los arquitectos del Renacimiento eran auténticos hombres orquesta de la edificación. Miguel Ángel y sus coetáneos, no solamente diseñaban; buscaban la financiación, convencían a los poderosos, contrataban a sus ayudantes, a los carpinteros, escogían la cantera y compraban la piedra, dirigían a los obreros y les pagaban... e incluso diseñaban grúas y medios auxiliares de construcción.

También hoy los grandes arquitectos son generalmente buenos conocedores de las técnicas de construcción o se rodean de excelentes colaboradores y son sin duda excelentes gestores e incorporan en sus equipos directores y gestores de proyecto de gran experiencia. Porque si no es así, no es posible hacer bien una obra de arquitectura. Los grandes despachos americanos, cuando reciben un encargo, hacen normalmente dos nombramientos internos, un “design architect” y un “project manager”, que por supuesto es arquitecto también.¿Qué le ha pasado a la profesión para perder esas funciones y tener que llamarlas hoy, “nuevas” tareas profesionales, cuando son de hecho “viejas” tareas profesionales abandonadas?La especialización, que en teoría hemos rechazado desde nuestra perspectiva ensimismada de generalistas y humanistas, ha acabado por vencernos de la forma más sutil y grosera. Nos hemos auto especializado en una supuesta misión sustancial del arquitecto, consagrada al diseño y ordenación del espacio, misión aislada “in vitro” de cualquier contaminación materialista con la realidad de la gestión y de otras tareas “secundarias”, y hemos sucumbido frente a la pereza de abordar las tareas incómodas, nos hemos agruesado y encasillado en nuestra torre de marfil y hemos dimitido de muchas de las tareas poco atractivas, pero más decisivas del proceso y consecuentemente hemos perdido influencia y dominio en nuestro propio sector.

Porque además, resulta que la torre de marfil es pequeña y no caben en ella todos los profesionales de la arquitectura, solo una pequeña elite real o supuesta, que mantiene su prestigio y su posición de dominio, en muchas ocasiones de forma algo mesiánica, mientras que en una gran mayoría se agolpa a las puertas de la torre y se debate en el mundo real que cada vez les tiene menos en cuenta.

Arquitectura significaba en su raíz griega, “Archi-tectura” por encima de la técnica y era la profesión que dominaba y dirigía las técnicas de construcción. Hoy gran parte de los arquitectos que salen de nuestras escuelas, ni dominan las técnicas, ni las dirigen, ni las gestionan, y solo dibujan formas en una pantalla, ni siquiera en un papel, con un inconfesable espíritu “manierista” copiando a los divos, sin contenido y sin objetivo. Y otros profesionales, con mayor o menor éxito, intentan poner en pie esos dibujos aplicando técnicas de forma inconexa con el propio diseño.

Y sin embargo, la esencia de la formación del arquitecto, en su faceta fundamental de proyectista, debería ser una base perfecta y suficiente para que los arquitectos fueran unos magníficos directores y gestores, porque proyectar es exactamente la tarea fundamental de la dirección.

Las capacidades que necesita el arquitecto para poder ejercer su tarea específica de proyectar son las mismas que necesita para ejercer las tareas de dirección y gestión: planificar, ordenar, organizar, tomar decisiones, escoger, eso es gestionar y dirigir procesos.

Solo hay que alejarse un poco del punto de vista necesariamente deformado de nuestro nicho profesional y enfocar el objetivo de la forma más amplia, interpretando el término “proyecto” no solo en su acepción arquitectónica sino en su acepción general. Proyecto es crear algo que no existe, ya sea un edificio o cualquier otra cosa, un producto, una empresa, un proceso...

José Antonio Marina, en su ensayo “Teoría de la inteligencia creadora” (Anagrama, 1993), libro recomendado vivamente, define el concepto de proyecto, en un capítulo dedicado al “Tratado de Proyectar”, diciendo: “El proyecto es una irrealidad pensada a la que se le entrega el control de comportamiento”. Una “irrealidad pensada” o una realidad virtual, que se convierte en la guía de su propio proceso de creación o realización. Y ese proceso requiere un gestor. El arquitecto es el gestor del proyecto arquitectónico y lo puede ser de muchos otros procesos de proyecto.

Está de moda llamarle Project Manager, porque lo anglosajón domina nuestra cultura. Pero esta misión no es nueva, existe desde hace mucho antes que las demás misiones especializadas y auxiliares que han ido surgiendo alrededor del proceso de proyecto-construcción y yo diría que es específicamente la misión del Arquitecto. Project Manager se debería traducir como Dirección de Proyecto y quien mejor que un Arquitecto puede ser Director de Proyecto.

Deberíamos reivindicar esa figura profesional como nuestra misión tradicional a lo largo de la historia, la del maestro de obras, la del director que está por encima de las técnicas “archi-tectura”, pero como lo vamos a hacer si la formación de nuestras escuelas es refractaria a estos conceptos, si nos hemos creado una fama de estar fuera dela realidad. Y sin embargo hay buenos ejemplos de profesionales de la arquitectura que ejercen papeles de gestión en diversas posiciones en el proceso de la edificación.

Autor: Arq. Arq. Jos Galán.
Fuente: Diario CPAU Nº 1 de 2003

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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